Mapa de armario
Hace unos días me encontré la imagen de una caricatura con traje de lentejuelas
y peinado perfecto. Arriba la frase: yo cuando me invitan a acampar. El tema se
volvió chiste con algunas amigas pero al final acabamos hablando de eso que se
escapa entre trends y starter pack: qué significa realmente vestirnos para la vida
que tenemos.
Vestirnos para la vida que tenemos es una idea que ha tomado fuerza los últimos
años que han estado atravesados por tendencias aspiracionales no solo en lo que
nos ponemos sino en lo que consumimos, habitamos e incluso con lo que
adornamos nuestras casas. Como si la pantalla nos hubiese puesto estanterías de
personalidades para escoger y, entre tanta diversidad y fantasía, hubiéramos
perdido el alma. Algo así dicen algunos críticos de moda que se preguntan por
la pérdida del estilo, ¿será la muerte del estilo la respuesta a haber perdido de
vista la vida que ya tenemos, la vida que de verdad habitamos?
Pienso en mi armario como un mapa: de un lado zapatos que tienen historias de
brillos y música y comida que recién descubro. Zapatos altos o delicados que
también de alguna manera retratan mi identidad. Del otro lado, botas de
trekking y botas pantaneras con las que he recorrido casi toda Colombia por mi
trabajo. Caminos que me han llevado a estados físicos y espirituales que atesoro
más que nada.
Hay un montón de razones por las que ahora se esté perdiendo tanto la
individualidad estética: sistemas económicos que privilegian siluetas simples
que son replicadas por el fast fashion que sigue teniendo tanto éxito por los
mismos sistemas económicos colapsados; el acceso a internet que ha hecho que
cada vez se diluya más la barrera de cultura estética por regiones y países, y que
se abra al mundo la posibilidad de tener la misma prenda aquí que en Japón. Se
suman razones y hay datos sobre las generaciones y su temor a sobresalir por
estar tan vigilados en la web. Pero en ocasiones me pregunto si esa “muerte” del
estilo personal no tendrá que ver también con haber dejado de explorar nuestra
propia vida: qué hace que nuestra vida sea esta y no otra. Vestirnos para la vida
que tenemos aparece como una apuesta casi política para seguir explorando
dentro nuestro esa identidad que se ha borroneado con el híper consumo. Para
qué tener prendas de traje “infaltables” que solo usamos una vez cada tres años
porque nuestra vida está en otra esfera.
Pienso en ese mapa de armario también como el mapa de algo más grande, más
profundo y si se quiere, más cercano: cuáles son las preguntas que nos estamos
haciendo hacia afuera, que deberían estar hechas hacia adentro. Si el estilo
personal ha muerto o está a punto de desaparecer, no sabemos. Lo que sí es
cierto es que hemos tenido abierta la ventana del trend y hemos dejado de ver
cómo es que queremos vestir la vida que ya tenemos. La que está aquí en frente.
Por: Sara Juliana Zuluaga García
