La forma de vestir bien en japón –allende el traje yakuza con corbata- es el City Boy, y cuenta con varios principios. Estos coinciden con la manera en la que la cultura japonesa sobrevivió al transculturalismo y al trato colonial que les dieron los Estados Unidos cuando desmantelaron el imperio japonés y dejaron sin alma a una nación cuyo exceso de orgullo les condujo al abismo de la guerra que terminó en 1945. Es que la moda es una cosa hermosa.


No me pidieron matrimonio en mi closet, tampoco tenía en su mano el tacón Monolo Blahnik azul, piel de becerro y su hebilla con detalle de cristal. Fue en la casa de mi suegra, con su familia y parte de la mía, arrodillado entre rosas rojas, con el anillo en la mano. ¿Relación con Carrie? Fue algo íntimo, real. 


A los que no sabían: Silvestre Dangond tiene un émulo en Hungría. El artista Szilveszter Makó también canta vallenato. Todo esto es falso. Makó es un fotógrafo y director creativo que ha trabajado para grandes marcas y ha retratado a las celebridades del momento, pero no haciendo lo que puede hacer cada una de estas más fácil y más barato con una sola selfie, say chees, sino apelando a muchísimas referencias estéticas, las que nos suenan y las que no nos suenan tanto. Hablemos de este Szilveszter y veamos que la moda, hoy, propone un silvestrismo totalmente alternativo, quizá con un tinte dadá. Acompáñenme, silvesztrisztas.


La semana de alta costura es la moda en su forma más fantástica, una celebración del diseño maximalista, en la que cada espectáculo es un recordatorio de la extraordinaria artesanía detrás de cada casa. Esta vez quiero poner la lupa sobre una marca -para mí es una de las mejores en cuanto a legado, historia y sofisticación artística-, Schiaparelli.


Refresquemos la memoria. El día tres de enero de 2026, una fuerza expedicionaria del ejército de Estados Unidos invadió territorio venezolano, Estado soberano, y destruyó infraestructura militar y civil para conseguir ejecutar una operación militar que consistía en decapitar el poder ejecutivo. Como en el ajedrez, los gringos capturaron una pieza fundamental, una reina blanca con bigote. ¿Y quién puede decir que no estaba usurpando el poder? Sí, se lo llevaron para que respondiera ante un jurado en Nueva York, y eso no está tan bien como que ya no está ejerciendo un poder que produce que Venezuela funcione como una confederación de mafias e intereses oscuros, y no como una república federal.


El Métiers d’Art de Chanel es una celebración de la artesanía y la creatividad que define a la casa francesa. Desde su fundación, Chanel ha sido sinónimo de elegancia y sofisticación, y esta línea resalta el compromiso de la marca con la calidad y el saber hacer. La colección Métiers d’Art fue lanzada en 2002 por Karl Lagerfeld, quien quería rendir homenaje a los talleres artesanales que colaboran con Chanel.


Al final del año pasan cosas, muchas cosas. Desde el nacimiento del Niñodiós, hasta la quema del Añoviejo y, obvio, gente borracha, velitas, gente quemada y mutilada, pero también gente feliz, mucha, muchísima, gente feliz. Esto con o sin razón. A pesar de Elkin (“el que inventó la navidad no estaba solo”). Perdón, pero no podía resistirme a este chiste tan fácil.


El trabajo de Abloh introdujo un enfoque más conceptual en el diseño de moda. Sus prendas no solo se trataban de estética; estaban cargadas de significado. A través de su uso del texto y los gráficos, Abloh convirtió el streetwear en un medio para la autoexpresión y la crítica social, lo que permitió que sus diseños fueran vistos como arte en lugar de simples prendas de vestir.


A los que no saben: vestirse bien es pecado. Sí. Pe-ca-o. También vestirse mal. Esta es la dedicatoria para todos Ustedes, los que leen estas líneas. Chiques: van a arder, van a arder en lo profundo del Infierno. Carita feliz, de diablito. Antes de entrarle al tema tengo que contarles que en Chile (y muy seguramente en otras partes del mundo), en Atacama, hay un lugar tenebroso, un desierto con bichos que succionan sangre con telepatía. ¿Sabían? Obvio no sabían porque es mentira. Se trata de un desierto con montañas hechas de ropa, colecciones de marcas europeas que no pudieron venderse[1], montañas hechas de toneladas de ropa vieja que se acumula como basura chic,llenándose de arena y ácaros por la gracia del viento.


Hoy entiendo que el desarrollo personal también es una forma de arte. Como Olga de Amaral y Chiharu Shiota, todos estamos tejiendo algo: una versión más honesta de nosotros mismos. La moda, el arte y la vida no son tan distintos: nos invitan a mirar con atención lo que llevamos puesto, afuera, adentro, y preguntarnos si ese tejido le hace verdadera justicia a la historia que queremos contarle al mundo.


Lo de Jorge Campos no fue un caso aislado, aunque sí el más icónico. En toda Latinoamérica, los porteros adoptaron esta libertad. Era como si el espíritu del carnaval y la alegría de nuestras culturas se filtrara en el césped a través de sus camisetas, y países como Brasil y Colombia también empezaron a ser referente en el tema.


Amarillo. A mi me gusta el color amarillo, pero no me queda siempre. Dice el adagio que el que de amarillo se viste a su belleza se atiene. Aunque de este adagio hay versiones más prosaicas, la cuestión es clara: el amarillo atrae las miradas por ser un color solar. Pero ¿vestirse un poco de amarillo es atenerse un poco a su propia belleza? No sé, puede que sí. Hablemos de ese fragmento de belleza, hablemos de corbatas.


Para los amantes de la moda, seguir cada pasarela y escanear cada look se vuelve un desafío casi a contrarreloj. Alexandra Von Houtte se percató de esto hace 9 años, más precisamente en 2016 cuando creo TAGWALK, el “Google de la moda”. La francoinglesa, comenzó su carrera como estilista freelancey, al darse cuenta de lo difícil que era encontrar los looks que las redactoras de moda le pedían, decidió crear «el motor de búsqueda de la moda».


Se requiere una política de moda que priorice la producción local, con incentivos fiscales para las empresas sostenibles, aranceles inteligentes que nivelen el campo de juego y programas que estimulen los oficios tradicionales. Solo así se podrá romper el ciclo de dependencia y se permitirá a los consumidores apoyar a sus propias comunidades, en lugar de ser meros engranajes en la maquinaria de la moda rápida global.


Dicen por ahí que cuando miras largamente una prenda de vestir –así como un abismo-, ella también mira dentro de ti. Esta frase –robada a Federico Niche- nos da pie para hablar de lo que Ca7riel y Paco Amoroso se ponen encima. Desde 2024, la popularidad de este par subió a tal punto que todos quieren vestirlos. Las grandes marcas los llevaron a la Semaine de la mode de Paris y a otros eventos donde dejaron de ponerse la ropa propia de su gusto, para salir en revista y desfiles de Jean Paul Gaultier. Camisas vaporosas, transparencias, pantalones con moños, derrochando onda, uno de negro y otro de marrón. Salen en las fotos como lo opuesto a Juan Peterson con su hijo Gaspar en la exposición de Andrés Sigal, hermafroditas entre las caras lánguidas de la farándula occidental. Pero esta es la etapa más nueva de sus vidas.


Recuerdo de pequeña ir a la brocante -mercadillo de segunda mano- todos los domingos cerca de mi casa en los suburbios parisinos con mi madre. Me fascinaba ver cómo los comerciantes llegaban en sus furgonetas blancas a exhibir los tesoros que con tanto cuidado habían escogido, esperanzados en que alguien valorara la historia que había detrás de cada objeto o prenda.


El consumo desbordado de las microtendencias del fast fashion ha provocado una homogenización temporal (de tiempos muy cortos) en las identidades estéticas: las mismas paletas de colores, los mismos cortes de prendas y los mismos dos o tres estilos de zapatos para tanta gente como podamos imaginar. Sobra decir, pues, que nada de esto lo elegimos, es más bien el modo en que opera el sistema de la moda,
que tensa lo justo sus cuerdas para que no tengamos opción: es irresistible.


Tener más prendas para protegerse del frío garantiza que uno pueda jugar con colores y texturas o pueda verse como un modelito de Armani desfilando por las galerías de Milano. Portar camisa, un suéter y, sobre este, una chaqueta es una ventaja para quienes simulan ser una alcachofa que se desprende primero de sus hojas, hasta desprenderse finalmente de sus pistilos hasta dejar ver el corazón. Portar una camisa blanca o de rayitas azules, con una primera chaqueta delgada encima de color gris claro, puede verse muy bien con un sobretodo o un abrigo negro. Sin embargo, para vivir esta proeza de la moda debe hacer una temperatura, mínimo, de 10 o 5 grados centígrados. Esto no ocurre en todas partes ni a todas horas. Además, lucir una paleta de colores variada requiere de luz solar. De lo contrario, ese esfuerzo de elegir colores no deja más que la satisfacción personal, y esa eme para qué


Vestirnos para la vida que tenemos es una idea que ha tomado fuerza los últimos
años que han estado atravesados por tendencias aspiracionales no solo en lo que
nos ponemos sino en lo que consumimos, habitamos e incluso con lo que
adornamos nuestras casas. Como si la pantalla nos hubiese puesto estanterías de
personalidades para escoger y, entre tanta diversidad y fantasía, hubiéramos
perdido el alma. Algo así dicen algunos críticos de moda que se preguntan por
la pérdida del estilo, ¿será la muerte del estilo la respuesta a haber perdido de
vista la vida que ya tenemos, la vida que de verdad habitamos?


La actriz caleña Viviana Serna, es quien da vida a Alicia en lanueva adaptación televisivade La Vorágine, de José Eustasio Rivera, que se transmitirá por HBO desde el 24 de julio. Esta narración no solo nos sumerge en la barbarie y genocidio contra las comunidades indígenas del Amazonas, para la que su mano de obra fue esclavizada al beneficio del caucho, uno de los recursos fundamentales de la Revolución Industrial; también, nos muestra la evolución del rol femenino dependiente e idealizado del siglo XIX. A través de Alicia, vemos cómo se va dando un rompimiento en las estructuras de la sociedad de la época, ya que su personaje pasa de desobedecer a su familia, una entidad sagrada, al negarse a contraer matrimonio con el terrateniente elegido por la misma.


Hoy en día eso no pasa. Los niños piden medias y hasta frutas sin alteraciones genéticas, ya no piden ni bicicletas ni un Atari. Pero claro, esto es obvio porque las medias ahora son sublimes, son obras de arte. Recuerdo que en el jardín infantil donde me formé, nos leyeron Fin de Partida (1961), de Beckett. Allí, sus personajes sostienen que cambiaría el mundo por unos pantalones. Yo, por mi parte, les confieso: cambiaría el mundo por un par de calcetines de los de ahora, coloridos y con bordados de brugmansias que cuentan historias como los códices aztecas o las pinturas del parque Chiribiquete, incluso hay medias de RBD o de la Noche Estrellada de Van Gogh, incluso con la cara de Donald y de Donald Duck.


Latinoamérica de forma robusta y contundente: la música tropical, caribeña, el
tango; el cine mexicano que viajó por todas partes; el Boom Latinoamericano de
literatura del que todavía hoy se sigue hablando: instrumentos culturales que
permitieron imaginar la unidad de algo, que armaron piezas para intentar agarrar
con las manos algo que no se puede agarrar. Así como los museos nacionales y
los himnos habían permitido imaginar un país, el arte hecho en América y el
compartir los mismos problemas fruto de la colonización y la migración,
permitieron imaginar Latinoamérica.


Algunos años atrás –46, exactamente esos- a las mujeres de Tanzania las buscaban para agredirlas. La razón: enseñar las piernas, ponerse una faldita. El “gesto” de “mostrar piel” fue interpretado por los poderes y autoridades del país como una afrenta a la moral social, pues hacía pensar que ciertas mujeres eran personas de costumbres farragosas. Y el problema es que el cuerpo femenino es un territorio de guerra. Esta frase –similar a una de las grandes conclusiones de la Comisión de la Verdad en Colombia- pone en evidencia esta cercanía entre cuerpo, moda y política. ¿O cómo se explica que no pueda uno vestirse como le guste? Se supone que se nace libre, que todas y todos nacemos libres, pero esa partecita de la libertad que nos susurra al oído cómo vestirnos está determinada por las poderosas fuerzas del mercado.


Recuerdo cuando en mitad de la pandemia se dispararon las ventas de ropa
deportiva y de repente la tendencia athleisure estaba por todas partes: habitar el
mundo desde esos rincones del hogar mientras teníamos reuniones,
hornéabamos pasteles y hacíamos yoga antes de dormir parecía tanto mejor en
una camiseta enorme.


Años atrás, unos reguetoneros derrocaron al gobernador de Puerto Rico, de PR. En redes sociales y por televisión, René Pérez (Residente, Calle 13) y Bad Bunny (joven y no tan conocido) urdieron una conspiración y la ejecutaron hasta vencer; también estaban otros personajes relevantes como Enrique José Martin Morales, Benicio del Toro, Wisin o Yandel


La historia empieza con un techo blanco, blanco, luces blancas, blancas. Un techo impoluto. “¡Cálmese! Se va a quitar la sonda, quédese quieta”, dice con impaciencia la enfermera mientras intenta aferrarme a la camilla. Tengo 14 años y estoy sola, desubicada, ardiendo en el dolor de la sonda conectada a mi uretra, desconcertada, asustada, sola. Siento el cable que se cuela en la mitad de mis piernas. “¡LLAMEN A MI MAMÁ!” Que esto acabe rápido, quiero dormir para que acabe


III – Serie geográfica

Esta semana salió publicada una noticia devastadora: expertos alertan pérdida de identidad en el Valle de Cocora (Quindío, Colombia) por exceso de “spots para fotografías”, ¿en serio?, esos spots para fotografías están ubicados en la parte más plana del Valle, aunque ya han trepado algunos hacia las montañas. Se trata de enormes alas de mariposa para que las personas se paren en medio, un jeep tradicional cafetero, letreros enormes y aparatosos de I <3 Cocora y otras cosas por el estilo para tomarse la misma foto que tienen las tías y las vecinas y las otras miles de personas.


Ahora lo veo más claro. Antes no entendía un Q y mi papá –cuando todavía estaba vivo- trataba de explicarme: “Hijo, es un misterio. Es muy impresionante ver cómo esta gente está encerrada, cómo intrigan, cómo manipulan…”. No paraba de hablarme de las cosas que, escondidas a los ojos de todes, acechaban entre la banalidad declarada, franca-ahí-en-la-cara, de la trama y las subtramas que se tejen en los reality show. Pregunta para ustedes, lectoras y lectores, que yo respondo en “capítulos”, como debe ser: ¿Qué es un reality show?, ¿cuál fue su contacto con ellos?, ¿eso para dónde va?


Las elecciones en USA afectan hasta el cosmos. Es ciertamente innegable que sus mecanismos políticos son internos, obvio, las tripas de la democracia son moldeadas por una Constitución Política vieja, vejestorio de la modernidad, pero este instrumento contiene instituciones oligárquicas que han cambiado poco desde 1787 y sus enmiendas nivelaron la balanza lo suficiente como para evitar que la suerte tambaleara para el lado equivocado; es que, para los que aún no lo saben, las constituciones fueron hechas para resistir a los cambios y la prueba reina (guiño monarquista) es aquella que propusieron los padres fundadores de la Unión.


l. Dinámicas económicas en pareja

En el episodio diez de la temporada dos de Sex and the city Miranda Hobs, abogada graduada de Harvard, invita a su novio Steve, mesero, a la cena de fin de año de su empresa. Como cualquier evento de oficina en el contexto de la serie, se exigía como código de vestimenta traje.


Las mujeres, en nuestra sociedad, no solo trabajan, muchas veces son las «directoras de orquesta» en sus hogares. Incluso cuando ocupan un empleo a tiempo completo, suelen encargarse de la mayoría de las responsabilidades familiares y administrativas: organizar citas médicas, llenar formularios, supervisar documentos escolares y médicos, gestionar facturas…Este peso invisible puede ser incluso más agotador que las tareas físicas, ya que exige una vigilancia constante y una anticipación permanente.


l – Serie geográfica

Hay tantas cosas que no se ven en un paisaje. Recuerdo que cuando era niña íbamos con mi familia a Salento, un pueblo cercano a mi ciudad natal, que queda en el Eje Cafetero de Colombia. Caminábamos una calle larga de fachadas tradicionales y artesanías y, al final, casi como esperándonos, una pared de montaña con una escalera larguísima en medio. ¿Hasta dónde llegaban esas escaleras que ni siquiera podía terminar de ver bien?


Sin embargo, en un principio, no sabía cómo responder consistentemente a aquella pregunta. Decía que me gustaba mi país, que iba a cambiar no sé qué cosas, et cetera. Estaba hablando en piloto automático porque las cosas no cambian, o no todas, solo las que uno quiere que cambien, esas sí se quedan igual. Esas. Y decía eso y simulaba entusiasmo, hasta que un día me cayó basura en el ojo, miré para arriba y tomé consciencia de lo que me encanta de Colombia: las plantas, el clima, el hecho de no pensar en estaciones y no ver más que consumismo en las nuevas colecciones de los almacenes de fast fashion. Muchos dicen que Colombia es un platanal, pero tenía que salir DtMF (“Debí tirá más fotos”) para que no solo se valoraran las sillas Rimax, sino también los platanales, los nuestros, en los que crecimos sucios y contentos, entre masacres, pero contentos.


Un día antes de irme hablamos los dos y me dijo que él quería que me quedara para seguir entrenando con su equipo. Es algo que había manifestado antes de irme, justo lo que él me dijo, era exactamente lo que quise aun sabiendo que en Colombia no me hacía falta nada, quería experimentar una nueva vida y solo. Hablé mucho con mi mama sobre eso, ella me influyó bastante y me motivó para quedarme aunque estaba un poco triste pero finalmente me quedé. Cómo iba a cumplir 18 años me tocaba un equipo de “amateur”19 años y más. 


Eso pasa alrededor mientras yo y otros tantos nos preguntamos por el proceso creativo y batallamos con él: nos dedicamos en alguna medida a juntar palabras, a crear obras escritas, visuales. Todos creamos alguna cosa con nuestras manos.


A los animales se les puede preguntar “cómo te llamas” o “qué eres”. Sin embargo, los que han hecho este ejercicio saben que ellos no responden, ni siquiera recurriendo a la noble y nunca bien ponderada tabla ouija o premiándoseles con galletas. La mejor respuesta que puede conseguirse es un ruido, un gruñido o una mirada que te hace sentir que no existes o que eres fuente de alimento. De poder responder, seríamos más nosotros mismos, podríamos ser parte del lugar en el que vivimos. Sería interesante que ocurriera porque podría mejorar la identidad, tal vez con mayúscula inicial, la gran identidad de un pueblo que nos da la conciencia espacial, el Dasein. Suena raro y ya se los explico. Lejos del nacionalismo, lejos de cualquier discurso tóxico, me gustaría hablar de ecología política, de geografía económica y del destino trágico de la raza humana en América Latina a través de la Ignorancia –esta también con mayúscula inicial- de lo que nos rodea, de los seres vivos que nos rodean. 


Alegría, natilla, buñuelos y plástico. Llegó diciembre, llegó el fin. La consigna –por lo menos la propia- es solo una: es el mes más bonito del año porque llegan muchas, pero muchas, cosas: mercancías. Pero detrás de todo hay filosofía y deben dividirse aquellas en dos. Unas tienen vocación de basura, mientras que otras aspiran a la inmortalidad y esta segunda aspiración llega por dos vías; de primera está la de la ternura del recuerdo y de segunda está la posición que ocupa en las estanterías de un coleccionista. Esta cuestión se entiende mejor cuando caminamos por el centro de cualquiera de las ciudades de Colombia –regla que quizá se aplique a toda América Latina- para ver muchísimas chucherías, adornos desechables de navidad, objetos que fueron creados para llenar nuestros hogares de vida pero que casi no tienen vida útil.


Soy hija de inmigrantes. Y digo inmigrantes porque mis padres tuvieron que emigrar de su propio país.

Sola y con 1300 dólares, que no me podía gastar, pues no eran míos.  Llamé a mi madre desde una cabina telefónica para contarle lo que me estaba pasando y ella me dio muchos ánimos en que tenía que perseguir mis sueños y salir adelante. A los días ya me quería devolver, no tenía dónde quedarme y la barrera del idioma me tenía impotente. Estaba confrontada a mí misma, durmiendo en el metro de París, y en iglesias. Recuerdo que mi primera vez fue en el metro Pernety línea 13, con mucho miedo entraba y esperaba que se cerraran las puertas del metro. El miedo no me dejaba dormir, solo quería buscar un poco de calor ya que hacía mucho frío.


Hace unas semanas vi en Science Focus de la BBC que acababan de “descubrir” una nueva “forma”, ¿una nueva forma?, ¿acaso era posible?; dentro del universo geométrico de los cuadrados, los círculos y todo aquello que conocimos y nos hicieron repetir, dibujar y nombrar hasta el cansancio cuando éramos niñas, todo lo que cabía en cajones plásticos, un círculo rojo, un triángulo azul o naranja. Ponerlos juntos, separarlos, armar figuras con ellos: todo eso era el marco del mundo.


A mí me parece fácil, pero por brujo, porque nací así, con algo metido entre las manos y los ojos. Para otros es difícil, aunque la verdad el asunto no es ni de perspectiva porque dibujar no tiene nada que ver con dibujar bien. Son dos cosas difícilmente emparentables. Con decirles que antes, en otra vida y a pocos meses de terminar con esta nueva, cuando era profesor, me gustaba pedirles a mis estudiantes que dibujaran. Les entregaba una hoja y no sabían qué hacer en ella. Nada, pero nada en esta vida, me ha llegado a parecer más extraño que la indecisión a la hora de invitar a alguien a garabatear. ¿Se requiere bizarría para dibujar, para expresar algo?


Angie vive en la ciudad luz, la capital de la moda y, para mí, la más bonita
del mundo. La primera vez que la vi fue hace dos años y medio,
acompañé a C. a cobrar el arriendo del departamento donde vive Angie
para después entregárselo a la dueña -C. lo cobra cada mes.


lll – Serie gastronómica

Cuando el conquistador Hernán Cortés llegó por primera vez a Tenochtitlan, México, fue recibido con una de las mayores muestras de hospitalidad del pueblo, una muestra que casi lo mata. Le dio la bienvenida la cabeza del estado Azteca, Moctezuma, con una bebida mítica para ocasiones especiales: el chocolate batido en agua y condimentado con chiles, un incendio en el paladar del español que recién empezaba a conocer esas tierras.

por Sara Zuluaga


A que Usted no sabía que estuvo soñando mal toda su vida. A que no. Igual, si no puede hacerlo bien es algo de lo más normal. Soñar es algo que ocurre tal y como pasan todas las cosas buenas de la vida: sin razón. Sin embargo, ni importa saber o no saber, sino que se trata de cómo explotar los sueños porque son capital espiritual. Así, este texto se propone mostrar –desde una perspectiva muy personal- cómo utilizar los sueños para tomar decisiones; se aclara que soñar es un proceso racionalizable, pero, a fin de cuentas, i-rra-cio-nal (¿a que tampoco sabían que así se organizaban las sílabas de esta palabra? A que no, a que tampoco).


Esta semana es el cumpleaños de Julisa, una mujer que vive en León, Guanajuato, y que acompaña a su esposo en el trabajo de peluquería a domicilio. Esta vez quiso compartir su historia aquí; la historia de todos, sabemos, es mucho más amplia y compleja, pero se compone de momentos pico que son sacudones en muchos sentidos. A continuación, una parte de Julisa, una de las caras de la enfermedad y también una de las caras del amor.


No recuerdo con detalles la primera vez que tomé leche recién ordeñada de
una vaca, seguro lo invento cuando digo que fue en alguna visita a una
finca con mi familia. Las vacas eran más de tres y pastaban sobre una capa
verde limón, brillaban con el sol quindiano que en ese entonces golpeaba
mucho menos que ahora, según las noticias. Grandes y pesadas como
aparatos imposibles, las vacas seguían en lo suyo mientras nosotras, niñas
mirando todo por primera vez, nos quedábamos quietas frente al potrero.
Imposible saber qué pensábamos. Imposible saber qué pensaban las vacas
en su rutina interrumpida.


Apotropaico. Esta voz que resume la esencia de la magia, resume también el deseo que hay detrás de la brujería o de sus contras. La palabra, no sé qué significa, busquen, pero sus efectos prácticos nos  remiten a lo que queremos cuando pedimos ayuda del más allá: protección del mal, refugio, que el peligro tome distancia o regrese a su morada tras ser tocado por la flecha de Artemis. Es algo así como el poema que mi hermano hizo cuando era niño, y que dice: “Toda la gente quiere más salud  y comida [.T]an les gustaría que poco los rechazaran (…)”. La brujería sirve para eso, no sé lo de la comida, pero sirve para eso. Y bueno, con el Tarot nos pasa igual. Buscamos la sabiduría de los Arcanos porque tienen algo que no entendemos, que tememos, pero este temor no es tan fuerte como la curiosidad ante la necesidad de conseguir un monstruo que nos proteja (ver Parte Dos). En otras palabras, es la mano que concede deseos terribles –referencia a Jacobs’ Monkey Paw


Él la había visto mucho antes de ella conocerlo. Todos los domingos por la
mañana se subían en el mismo autobús, S. iba a su trabajo y Ana Laura a misa
con su madre.
Ella solía jugar retas de fútbol con sus amigos en frente de su casa. Una tarde,
después del juego su amigo, que en realidad era su pretendiente, le pidió agua.
Sin percatarse, S. se les acercó y por medio de su pretendiente, que era un
amigo en común, se le presentó a Ana Laura. S. le preguntó si podría salir a
platicar en las tardes noches, después de terminar su jornada laboral.


El único árbol que había en mi barrio era el de limones que estaba
sembrado en el patio de mi casa. Mentira; el barrio estaba lleno de
árboles y no estaba precisamente en mi casa sino en la de mi abuela M.
Era tan pequeña y el árbol tan grande y ahí puesto casi pidiéndome que
lo escalara, que parecía el único, el primer árbol que vi crecer y morir
también, y por el que supe de la finitud de las cosas.


A los monstruos se les debe mostrar y punto. Etimología. Por eso se llaman así: monstruos, porque se “monstran”, porque se muestran. Arcanos, hablemos de los arcanos. Como a cualquier niño normal, a mí me encantaba el ocultismo; en reuniones familiares, los adultos hablaban de espantos o magia negra –que a fulano lo rezaron y que no sé qué- y yo, con mis mejillas rosadas y mi carita angelical, no sonreía, aunque internamente el sentimiento era más bien un júbilo oscuro que aún recuerdo, el aleteo de millones de polillas tapando la luz del Sol. Lindi.


Cuando tenía 3 años las dudas ya no eran dudas. Las preguntas iban a tener sus respuestas. En la escuela y en casa habían miradas furtivas, rabietas diarias, falta de lenguaje, y no participada en nada. No era sociable, no le interesaba lo que su profesora le ofrecía. Lloraba, preguntaba por su madre, gritaba, mordía y sufría. Su profesora y la directora nos aconsejaron acudir al servicio de protección maternoinfantil. 


A mi vida llegó Mariana Enríquez, digamos, en el momento que más lo necesitaba y, obvio, por accidente. En la cuenta de youtube de la Fundación Juan March de Palma –se las recomiendo- postearon una entrevista nueva, una de esas que no acostumbro a ver porque prefiero las charlas más académicas. Era una tarde cualquiera de finales del 2023 y yo tenía la cabeza puesta en ir a visitar a mi papá que se había enfermado gravemente.


Me considero afortunada de haber podido ser parte de ese pequeño porcentaje de individuos que pueden permitirse pagar una FIV, y más afortunada aún de haber logrado llegar hasta la última y más difícil etapa del tratamiento.


La epilepsia es una enfermedad crónica caracterizada por la aparición de convulsiones repetitivas e impredecibles, las cuales reflejan una interrupción repentina y transitoria de la actividad eléctrica del cerebro, Lisa-Maria, nos brinda su testimonio.


Ellos Hablan

Endometriosis: la meditación y la naturaleza me salvaron

La endometriosis es una enfermedad crónica, afecta aproximadamente a 190 millones de mujeres en edad reproductiva en el mundo. Por la ocasión del mes de prevención e información sobre la endometriosis, Yessica, 28 años, nos brinda su testimonio.