La semana de alta costura es la moda en su forma más fantástica, una celebración del diseño maximalista, en la que cada espectáculo es un recordatorio de la extraordinaria artesanía detrás de cada casa. Esta vez quiero poner la lupa sobre una marca -para mí es una de las mejores en cuanto a legado, historia y sofisticación artística-, Schiaparelli.

Con su imaginación inventiva, su amor por el surrealismo y su visión revolucionaria de la alta costura, su arte transforma elementos cotidianos en creaciones espléndidas, Elsa Shiaparelli infundió un espíritu creativo a la moda del siglo XX. Sus colaboraciones con artistas como Dalí, Cocteau, Man Ray y Marcel Vertès se han convertido en leyendas. Esta esencia de estilo audaz y atemporal, hoy sigue vivo gracias al diseñador estadounidense.

Para la colección de alta costura primavera – verano 2026, Schiaparelli nos invita a un viaje a Roma, precisamente a la Capilla Sixtina, donde Daniel Roseberry, director artístico de la casa, se inspiró en octubre pasado. Las paredes, pero también el techo, firmado por Miguel Ángel, marcó profundamente al diseñador para el desarrollo de su desfile, titulado “La agonía y el éxtasis”: “Me llamó la atención el contraste entre el rigor, el control casi estático de las paredes y la explosión de libertad del techo pintado cuarenta años después. Esta convivencia me conmovió profundamente y me liberó de un exceso de control que hemos ejercido en la costura en las últimas temporadas”.

Ambientada dentro del Petit Palais de París, Daniel Roseberry abrió la semana de alta costura con la colección SS26. Abarcando 30 looks, la colección celebró el virtuosismo de los talleres de la casa a través de siluetas fantásticas inspiradas en las aves del paraíso y el mundo natural.

Las blusas y los vestidos evolucionaron en colas de escorpión, aguijones y formas de reptiles – las autodenominadas «infantas terribles» de Roseberry – tejidas junto con guiños al icónico motivo de ojo de cerradura de Elsa Schiaparelli. Las piezas destacadas van desde un traje de falda con púas y con incrustaciones de cristal hasta chaquetas con plumas que estallan en un espectro de tonos iridiscentes. Para Roseberry, la alta costura sigue siendo un espacio de fantasía y libertad emocional donde se evade la realidad, haciéndose eco de su creencia, extraída de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, de que el gran arte no se explica a sí mismo, sino que nos enseña a sentirnos.


por: Maria Fernanda Pinzón