City boy-lo que pensamos de JAPÓN-PON

Amores que nunca pueden olvidarse. Esta es la frase de una canción de Luis Miguel. Lleva por título “Inolvidable” (Romance, 1991). Cuando era niño y hacía tareas, recuerdo las guitarras de esa canción. Eran lejanas, limpias, con un diley delicioso. Ahora noto más cosas que antes –es que uno de niño es tabula rasa y los conocimientos de otras vidas solo se notan cuando uno ya está lejos, grande- cuando vuelvo a escuchar la canción. Cosas como que el inicio se parece a no sé cuál canción de Sade y también que todo tiene una luz última, un eco, de un género de música japonesa llamado City Pop. Duda. Las cosas en Japón suenan bien y son lo mejor, qué pensarán de nosotros en Japón-pon.

Para los que no sean otaku, o a los que no les corra vena en la sangre, hay que decir que este tipo de música es la que suena en la mayoría de openings de dibujos japoneses de los años 80 y 90. No me digan viejo, por favor, que esto terminé escuchándolo en los años 2000. Por favor. En efecto, el City Pop fue un movimiento musical creado en los años 80, con exponentes como Marya Takeuchi, Tatsuro Yamashita, Junko Yagami, Kiyotaka Sugiyama; si no me cree busque temas como “Flyday Chinantown”, “Ride on time”, “Stay With Me” o “Bay City”, entre otras muchas, que tienen algo que deja feliz al niño que reposa en nuestro Totoro interior. Duda. La misma duda. Las cosas en Japón suenan bien y son lo mejor, qué pensarán de nosotros en Japón-pon.

Vuelvo a Luis Miguel, vamos hacia el extremo oriente. Esa canción de la que les hablo de nuestro Luismi suena muchísimo como a City Pop, tiene algo allí muy instalado, parasitando su ritmo y llenando el espacio que vibra con la música de la cultura del país del Sol naciente, de Gokú, de Yu Yu Hakusho, de Miyamoto Musachi, de Kawabata, de Jeraldine Fernández y Estudios Ghibli, de la cabeza de Mishima y de Boa Hancock, vibrando con la música del país al que los gringos le robaron los Power Rangers. Luego de todos estos años, Luis Miguel, en especial su álbum Romance, me suena a City Pop. Hoy. Las cosas en Japón suenan bien y son lo mejor, qué pensamos nosotros de Japón-pon.

Ahora bien, ¿qué más nos dejó Japón además de música, marcas de automóviles, samuráis y las ganas de autodestriparnos y que nos corten la cabeza de un tajo –como a Mishima (guiño), sushi, más y más sushi? ¿Qué? Pues la moda, un estilo de vestir que últimamente estoy practicando que se llama City Boy. Hablemos de moda desenfadada, hablemos del alma de un estilo para vestir como un atracador, pero que puede entrar en un Starbucks o una tienda Juan Valdez sin que te miren raro, porque eres casi hipster, casi la Vendedora de Rosas y, de seguro, una persona que se pone la ropa de tu papá a escondidas para encajar en un mundo lleno de brujes, filósofos de Wall Street y funambulistas reencarnadas que no saben leer.

La forma de vestir bien en japón –allende el traje yakuza con corbata- es el City Boy, y cuenta con varios principios. Estos coinciden con la manera en la que la cultura japonesa sobrevivió al transculturalismo y al trato colonial que les dieron los Estados Unidos cuando desmantelaron el imperio japonés y dejaron sin alma a una nación cuyo exceso de orgullo les condujo al abismo de la guerra que terminó en 1945. Es que la moda es una cosa hermosa.

Principio primero del City Boy – Wabisabi: La belleza que reside en la pobreza de aquello que envejece naturalmente, con el tiempo. Wabi es un concepto japonés que habla de lo que se hace con un gesto sin elaborar, una sola pincelada –o algo así- con la que se insinúa una bella flor, pero sin que ahí esté la flora y sin que siquiera esta logre ser bella… porque no hay nada, solo el vacío. Muy zen. No se los quiero explicar porque ni lo entiendo.

Principio segundo del City Boy – Shokunin: La búsqueda de la excelencia que, intrínsecamente, tienen las cosas bien construidas o bien hechas, es decir, es el aura propia que hay en la destreza técnica con la que fue elaborada una pieza, como una katana forjada por musashi, una chaqueta fina, póngasela quien se la ponga, refulge en su gloria: la mona que se vista con esta seda, no se queda mona. La mezclilla, el denim, el cuero de una chaqueta tiene una calidad superior.

Principio tercero del City Boy – Amekaji: Es el estilo casual, pues de hecho es la contracción de las palabras american casual, donde la primera partícula se trata de los gringos que ocupaban el país luego de la guerra del Pacífico. Por su parte, la segunda partícula, casual, hace referencia a la vida cotidiana de esas personas que no pertenecían a las calles de Tokyo o Osawa, ensuciando el paisaje con su presencia, aunque haciendo desear a quienes los veían que simplemente dejaran sus pulcras chaquetas y se evaporaran. Chaquetas de la fuerza aérea, esas llamadas bombarderas. Eran esas las que querían, pero solo el molde, desprovistas del contexto bélico que dejaron las bombas en la ciudad japonesa de los hongos.

Principio cuarto del City Boy – Ma: Esto se trata de la belleza de vacío, del espacio entre las cosas, el silencio, la simpleza de no tener adornos. No se trata de andar sin camisa, sin cucos, sino de tener puesto lo justo, una suerte de equilibrio que solo brinda la simpleza que se planta al otro extremo del Barroco-r-rococó. Solo vale la pena pensar en la música tradicional nipona sonando lento, dejando el espacio necesario para respirar, no por diversión, sino como una actividad existencial, respirar no por reflejo, sino por el gusto de ir llenando los pulmones del oxígeno que requieren para abrir campo a la belleza del espacio vacío. Ma es la esencia del buen gusto que deja la línea sin el punto y el punto sin la línea. En tu cara, Kandinsky.

City Boy es solo el estilo simple, añejo, más atemporal que anticuado con el que se puede contar de ahora en adelante. Se recomienda para hombres sin personalidad ni ganas de vivir, como yo. Es broma, el yo no existe. Piensen en esta forma de vestir como un manifiesto a la pereza y desenfado de disfrutar prendas simples y bien fabricadas, que no se ven ostentosas ni pretenden mostrar más de ti mismo que. ¿Que qué? No sé, no me pregunten, solo soy un City Boy.


por: Felipe Calderón Valencia