Outfit para un concierto de Ca7riel y Paco Amoroso

Al final uno se muere, al final de todo. Es lo normal y la gente nace y antes de morir pasan cositas, pero el final siempre es igual, salvo si se es un vampiro. Hablemos de vampiros entonces. No mentiras. Mejor hablemos del outfit para vestir en un concierto de (¡fa-fa-fa!): Ca7riel y Paco Amoroso. Divos, los dos, pero abordemos la cuestión así: primero hablemos de cada uno y de lo que son ambos; en segundo lugar, hablemos de la manera en que se visten, y, finalmente, miremos cuáles prendas tiene todo el mundo en el closet para que salgan de él –las prendas, aunque si salen del closet, mejor, sí, Ustedes- a través de un top… algo, un top cinco de ideas o outfits, pintas, perchas, cosas para ponerse, para ir al concierto de los pibes.

Ca7riel y Paco Amoroso son vampiros: Lestat y Louis en Buenos Aires

En Entrevista con el vampiro, Anne Rice creó a dos monstruitos, a Catriel Guerreiro y a Ulises Guerriero. Y su historia no se reduce a lo que vivieron juntos, abandonados a su suerte, en las fulgurientas mansiones donde se conocieron. Desde niños, desde el momento en que vivían sin cantar “Vivo como quería Paco, en el colegio”, ellos se aficionaron a la música, pasando por el rock y los ritmos urbanos (trap argentino), y luego mezclando ambas hasta que le dieron la vuelta al mundo con su concierto en el Tiny Desk.

Recuerdo ese octubre de 2024. Uy sí. Fue hermoso sentir cómo se empantanaban mis oídos al escuchar la armonía de las voces con la frase previa a “the same girl”, al “we” y lo que estaban haciendo. Sin embargo, lo que sí me voló la cabeza fue la versión original de la canción El único (Baño María, 2024) porque no se parecían, porque al oír su concierto en bucle y luego al oír el álbum de donde salió, entendí que lo nuestro, lo que crecía entre ellos y yo, sería eterno mientras durara. Tan eterno que lo compartí con mi amigo Brócoli mientras jugábamos fútbol.

Coincido con Gymnaland. Ulises Guerriero es una muñequita rubia hermosa, el Lestat de Lioncourt que siempre quise para poner en mis repisas, pues mientras los niños normales le pedían al Niñodiós fama, riquezas, que sus padres dejaran sus respectivos amantes o un millón de dólares, en cambio yo le pedía una estantería en forma de casita para poner juguetes. El nombre real de ese Ulises sin Ítaca es Paco Amoroso y su voz es ronca, sus fraseos punzantes. Tiene varios tatuajes, pero me gusta uno que tiene en el pecho de un ángel sosteniendo una máscara demoníaca. Por su parte, Catriel Guerreiro, Ca7riel, es un Louis de Pointe du Lac que toca guitarra como los dioses y que tiene, también, actitud, modales y facciones muy femeninas. Su aura andrógina lo contamina todo, equisdé.

Papi Arca, dímelo: Corte/Porte/Elegancia

Dicen por ahí que cuando miras largamente una prenda de vestir –así como un abismo-, ella también mira dentro de ti. Esta frase –robada a Federico Niche- nos da pie para hablar de lo que Ca7riel y Paco Amoroso se ponen encima. Desde 2024, la popularidad de este par subió a tal punto que todos quieren vestirlos. Las grandes marcas los llevaron a la Semaine de la mode de Paris y a otros eventos donde dejaron de ponerse la ropa propia de su gusto, para salir en revista y desfiles de Jean Paul Gaultier. Camisas vaporosas, transparencias, pantalones con moños, derrochando onda, uno de negro y otro de marrón. Salen en las fotos como lo opuesto a Juan Peterson con su hijo Gaspar en la exposición de Andrés Sigal, hermafroditas entre las caras lánguidas de la farándula occidental. Pero esta es la etapa más nueva de sus vidas.

En sus videos clásicos, los de siempre, Ca7riel y Paquito salen vestidos de una manera que da mucho a entender que el estilo les gusta, la facha, pero no la moda, entendiendo esta última como una extensión del mundo clásico recuperado por Da Vinci, o por Michelangelo Buonarroti, y reducido a óleos que guardan misterios en los pasillos vaticanos. Eso parece ser la moda, algo que no se entiende de tan solemne. Pero la facha, eso es otra cosa. Las camisetas “rotas” con un ágil estampado y la irreverencia que intentó sintetizar la marca Bershka inmortalizando el Tiny Desk son algo más parecido a la esencia de esos dos. Su forma callejera, original –como de compadrito-, es la que se intuye con el acercamiento del fast fashion a esa melaza que no sabemos si es trap o rock o pop bien logrado, como lo que es irremediablemente el pop, un producto eterno mientras dure esa eternidad.

Las camisetas que dicen narcomodelo, los pantalones que gritan la rebeldía de quien no le gustan los pantalones y la idea simple de unas gafas triples del bajista Felipe Brandy son la muestra de algo que casi que se olvida: Catriel y Paco Amoroso también andan en bola, casi desnudos. Esta es otra forma de vestirse: desvestirse. Los tatuajes son poco memorables, pero de tan simples sobresalen en uno de los actos de un concierto de la gira Baño María, en donde se quedaron con el torso desnudo para cantar, por ejemplo, temas como Vitamina. “Sorry, pero soy…” dicen instalados en una versión power rock de esta canción y en sus cuerpos rebotan la luz de los reflectores que naufragan ente los gritos de histeria de los fans que los ven volar.

La religión técnico-mecánica

Los convenios de los artistas con las marcas son interesantes, pero matan la moda. Ahora antecitos les mentí, entonces, porque, en esencia, la moda es una actividad tantálica. La moda es de esas cosas que nacen y mueren al mismo tiempo. Para que me entiendan, les recomiendo un concierto suyo[1],  pues solo así sabrán que Paco y Ca7riel tiene –en su historia reciente- tres momentos: el de la esencia irreverente y descontracturada de las camisetas blancas y la ropa fachera para caminar por el barrio Lanús o cruzar Plaza Constitución sin ser asaltados por un chico sucio; el momento primario y sexy que los obliga a quitarse la camisa y mostrar los tatuajes que se irán decolorando ante la mirada de los fans que se aleja y la de ellos mismos que saben que todo es para siempre mientras dure; y el momento de la era del capitalismo de vigilancia, donde las marcas nos dicen que nuestros ídolos quieren que nos vistamos como las marcas quieren vestirlos. La moda es política, tantálica, un cuerpo de agua fresca que se aleja cuando más sed tenemos, cuando más agua queremos beber.

[1] Vean vena pues: https://youtu.be/gHmA1PYH5Io?si=V3KsLUsKxxhXj0Cj

Ahora sí: top cinco de cosas para ponerte en el concierto de mi querido Paquito Amoroso y de Ca7riel:

(5) Camisetas blancas y feas, coge una tijera y córtalas como se abre un pollo para sacarle las tripas y luego cóselas con hilo rojo o un color que contraste, rojo mejor. Encima de estos una chaqueta vieja, una chompa ecuatoriana, de vigilante freelance de barrio estrato seis en Colombia. También le puedes dar un par de tijeretazos para cortarle una manga con violencia, la manga izquierda, pues allí irán algún brazalete de swifty y un reloj Casio, uniendo marcas y dejando claro que la unión hace la fuerza, aunque no importen ni la unión ni la fuerza.

(4) Camisa blanca con corbata negra y un vestido elegante, preferiblemente un color camel, color miel, da igual. Ojo al juego de palabras. Zapatos Vélez, de colecciones 2006 o 2007. Esas sí eran épocas. Lentes oscuros para que no se vea lo trasnochado que está, “trasnochado”. Este sería un reflejo de esa época en la que el capitalismo de vigilancia hace sus estragos, aunque para poderle imprimir rebeldía, puedes ponerte una prenda de mujer o maquillarte. Si eres chica, puedes lucir andrógina y bella, con un traje oversize, corbata bien ajustada como una pitón abrazando un miquito recién nacido. Te verás bella como un travesti de los abismos.

(3) y (2) Ponte ropa normal, la que siempre te pones y busca la fila de atrás para que no salgas en los videos del concierto. Pero ponte una máscara de cartón con los ojitos recortados para que veas. La máscara la puedes hacer con una foto de Ca7riel o Paco cuando usan el filtro que sale en los conciertos promocionales de Papota, pero antes de que sacaran las enormes cabezas de hule, esos, sí.

(1) Acá se me acabó la inspiración y me siento cansado. Me duele la cabeza y solo pienso que lo mejor es comprar un marcador negro, ponerse un croptop, y dibujarse muchas cosas extrañas en la piel, ojos sin párpados, ositos cariñositos y escenas del juicio final –esos deditos que se tocan, velada “guerra de espaditas”- y covers de la Gioconda. Luego de ponerse el cuerpo relleno de dibujos, conseguir un impermeable transparente. Sobre el pecho pueden ponerse algo que emita luz fluorescente.

Feliz concierto.


Por Felipe Calderón Valencia