Star bajo arresto: Nicolás Maduro y la abducción
Atrápame si puedes (2002) es el título con el que conocemos la película en la que un policía persigue a un estafador. Supongo que la recuerdan. La reciente captura de Nicolás Maduro, quien detentaba el cargo de Dictartor Venetiarum –o algo así-, desató una ola pocas veces vista de indignación y de erudición-política-basura, acompañada de una ola de banalidad deliciosa. Ciertamente, con la captura, se terminó discutiendo y llenando la memesfera de discusiones crípticas sobre la moda y el poder del mercado, de las marcas y su capacidad para hacerse visibles cuando la gente solo ve oscuridad. O díganme, ¿quién no vio el chulito de Nike cuando capturaron al toripollo mayor? Seguro sí lo viste. Moda y política. tratemos de dejar claras un par de cosas.
Política exterior estadounidense y política doméstica venezolana: qué esperar
“Atrápame si puedes” fue lo que también le dijo Maduro a Trump, y adivinen: pudo, Donald pudo. Allende la lección de realpolitik, el actual presidente de los Estados Unidos consiguió algo que muchos querían que ocurriera. Abdujo al presidente ilegítimo de Venezuela para que una democracia pluralista floreciera. Sin embargo, tal cosa esta lejos de volver, no solo porque no se quiera, sino porque no es tan fácil reiniciar un país del mismo modo que se le pone “stop” a una película y luego “play” para que vuelva al principio.
A Nicolás se lo llevaron, pero dejaron todo igual. El país sigue ahí, como el dinosaurio de Augusto Monterroso. Ahí está. Y es con estos dinosaurios con los que el supuesto salvador de Venezuela va a negociar la entrada de algunas empresas petroleras norteamericanas. Nicolás maduro salió, literalmente, físicamente, del poder, pero su puesto es ocupado hoy por una persona un grado más abajo en ilegitimidad comicial, la señora Delcy Rodríguez; esta persona es la vicepresidenta en un gobierno que no justificó su ascensión al poder tras las últimas elecciones presidenciales. Estas no son suposiciones, son afirmaciones basadas en una cagadita chiquita: el procedimiento dice que, luego de las votaciones para presidente, se recuentan los votos y se publican las actas de las mesas de votación, pero acá simplemente se asumió que había perdido Edmundo González porque había ganado el candidato-presidente, le petit Nicolás. Posteriormente, estas actas fueron mostradas en maletas marca Gucci por la actual Nobel de Paz, María Corina Machado.
Refresquemos la memoria. El día tres de enero de 2026, una fuerza expedicionaria del ejército de Estados Unidos invadió territorio venezolano, Estado soberano, y destruyó infraestructura militar y civil para conseguir ejecutar una operación militar que consistía en decapitar el poder ejecutivo. Como en el ajedrez, los gringos capturaron una pieza fundamental, una reina blanca con bigote. ¿Y quién puede decir que no estaba usurpando el poder? Sí, se lo llevaron para que respondiera ante un jurado en Nueva York, y eso no está tan bien como que ya no está ejerciendo un poder que produce que Venezuela funcione como una confederación de mafias e intereses oscuros, y no como una república federal.
Y en efecto, desde su posesión, Trump ha intentado patear el tablero de las relaciones internacionales bajo el lema de la “paz por la fuerza”. Esta doctrina, como de inspiración romana –romana del imperio romano-, tiene, por lo menos, dos implicaciones prácticas y teóricas. Primero, trata de regresarnos a la época en que la “diplomacia” se hacía con cañones, con amenazas serias del uso de la fuerza letal. Y, segundo, trata a los Estados como empresas que tienen movimientos agresivos, de negociador agresivo que vende patatas y zapatos al por mayor diciendo cosas como “no tengo plata y solo doy esto”, pero ahora no solo sube aranceles, sino que también manda soldados a hacer el trabajo del coco.
Lo ocurrido con Maduro es una aplicación del concepto de “guerra inteligente”, el cual nos remite a acciones bélicas contra objetivos militares precisos, minimizando daños colaterales y pérdidas humanas, tanto de los ofensores como de los que reciben el ataque. Igualmente, se aplicó la llamada “guerra híbrida”, que combina las formas de lucha tradicionales, que son básicamente, dar bala, acompañadas de otras formas de intimidación. Cosas que van desde el uso de armas cibernéticas (virus de computadora o malware para infectar infraestructuras esenciales, pulsos eléctricos, software espía, etc.) hasta propaganda mentirosa, noticias falsas y uso de inteligencia artificial para crear información con una calidad y un volumen que puedan generar pánico social y económico[1]
Las razones expuestas fueron del más variado pelambre. Palabras como democracia y petróleo, y términos como intereses económicos, fueron usadas en las ruedas de prensa de los funcionarios del gobierno federal del país invasor. Esta palabra es fuerte: invasor. Desde hacía algunos años no nos invadían por acá. Volvió la doctrina Monroe, que no tiene que ver con Marilyn, sino con James, y no Rodríguez, sino Monroe. Esta doctrina sostiene que el continente americano es para los americanos, o sea, para los gringos.
Ahora bien, más allá de lo que pueda decirse dentro o fuera de la sensatez, los gringos afectaron gravemente las relaciones internacionales, manejadas dentro de un marco jurídico de inacción. La diplomacia era el arte de hacer las cosas por las buenas y ahora ya es un sinónimo de vacío. Algo similar pasó con la ONU, sinónimo de inacción. No obstante, lo que el común de la gente ignora es que esta organización está para facilitar los consensos, para funcionar únicamente así, mientras que muchos piensan que es la policía mundial o la encargada de ordenar acciones militares o defensas o de reprimir invasiones. No, eso solo pasaría si hay una invasión alienígena, como lo muestra con extrema corrección la película Día de la Independencia (1996). Esto es mentira, mentira porque sí, y porque es más probable que quien pueda ayudar en caso de amenaza de guerra real es la OTAN. Aunque esto da más risa que nunca tras lo último que viene ocurriendo luego del interés de Trump por anexar Groenlandia a Estados Unidos, pero esto es otro cuento y ya llegó el momento de hablar de lo que realmente importa.
Realpolitk y marcas de ropa
“Atrápame si puedes”. Así le dijo Maduro a Trump y vea en las que estamos. Estamos mal, pero eso no implica que estemos mal vestidos. De hecho, estamos mejor que nunca, mejor vestidos. Unos “mostros”, como Lady Gaga. En tiempos en los que la Venezuela y sus vecinos temblaban, las sudaderas y los hoodies se agotan en tiendas físicas y virtuales. Lo secuestraron. Se lo llevaron. Nos lo quitaron. Por fin se fue ese “conho de su ma…”. Estas eran algunas expresiones que no lograban descifrar si la entrada de los militares a Caracas para llevarse por la fuerza (recordemos que en el operativo mataron como 80 personas que estaban desarrollando labores de seguridad y cuidado del dictador) era algo bueno o malo.
Por el contrario, la gente sí vio las fotos de Maduro y vio cosas claras. Recién capturado, y al parecer rumbo a Guantánamo, este personaje tenía una sudadera gris, unas gafas y unos audífonos, además de una botella de agua. La imagen es icónica. Es curioso, pero creo que nadie había visto el potencial de modelo de ropa que tenía este triste dictador. Tras hacer fraude en las elecciones de su país, mínimo, unas dos veces, todos habíamos visto a Nicolás Maduro vestido con la ropa institucional del chavismo, esto es, camisa roja de manga larga y pantalón, cualquier pantalón. También lo vimos con las chaquetas abullonadas azules y rojas o las rompeviento con la bandera de Venezuela, ya tan conocidas.
Sumadas a sus burlas a la oposición política y la trivialización de un pueblo que sufría por la corrupción de la delincuencia rampante, amparada por el régimen político, nunca pudimos percibir al Maduro más que como un vulgar tirano. Pero tras la captura, y ahí sentadito en su avión, se transformó en una figura de culto de la moda deportiva, una suerte de mártir del hampa que estaba sellando muchísimas compras de una sudadera de 250 dólares. Detalle: el pantalón está amarradito, con un nudo bien hecho. Sí, Maduro se veía bien, pero capturado, seguramente asustado. En su outfit sobresalen las gafas. Le dan un aura de personaje de Metal Gear Solid (1998) y los audífonos lo hacen ver genial. Hasta el bigote, el cabello se le ven bien. Admito decirlo y me duele.
De hecho, el chándal Nike Tech parecía algo bien pensado, orquestado para vender. Nunca sabremos si fue así. De lo que sí podemos estar seguros es que Nike informó que se había agotado. Porque contrario a lo que todo el mundo esperaba, la marca de ropa no se desvalorizó, sino que ganó profundidad semántica. Recuerden las maletitas Gucci, también recuerden a Fidel Castro con sus conjunticos Adidas. En la era del capitalismo de vigilancia, las cosas ganan significado con estrategias que van tejiendo un storytelling, y acá –en esta situación- pasó algo curioso: no se trata de una sudadera común y corriente, o de hecho sí, pero la lleva puesta una persona que hizo sufrir a “millones y millonas”, que –dicho en palabras de la escritora Melva Escobar- destruyó el libre mercado con su particular forma de ejercer el poder del Estado, paradójicamente destruido también, y que ahora es instrumentalizado por el mercado.
Parece que la moda destripa a sus víctimas con mayor facilidad que nunca. Las ventas de Nike nunca se verán reflejadas en la contabilidad de alguna fundación que luche por los derechos de los venezolanos torturados, asesinados y desaparecidos por el régimen post-chavista. Sin embargo, sí podrá decirse que el mercado transformó el socialismo del siglo XXI en algo cuyas desgracias pueden explotarse a través del mercadeo. Otra gran lección que dio esta abducción del tirano fue que el diseño auténtico en las colecciones hacen que el logotipo trascienda, pues no necesitaron mostrar nada de su imagen para ser reconocidos; si hubiera sido otra marca importante hubiera pasado igual y si, por el contrario, hubiera sido una marca cualquiera, no sabemos si se hubiera vuelto famosa con la misma rapidez que Nike logró agotar sus conjuntos. Mejor dicho, cuando vean un tirano, no lo piensen, llost duit.
[1] . Ah sí, la palabra “pánico” proviene de la mezcla de dos palabras: de un lado, Pan, deidad griega con pinta de fauno, un sátiro; y, del otro lado, la palabra casa en griego (ikos); con la unión de ambas puede afirmarse que la guarida del dios Pan era una casita del terror. Ya, fin del comentario.
Por Felipe Calderón Valencia
