Cuando el cuerpo dice basta: mi burnout y el peso invisible de las mujeres

Hasta que mi cuerpo colapsó, pensaba que todo era normal: equilibrar las responsabilidades profesionales, familiares y personales era parte de la vida de una mujer. Como muchas, llevaba una sonrisa, ocultaba el cansancio y continuaba la carrera contra el tiempo. Hasta que un día, mi cuerpo dijo basta.

Mi burnout no es solo mi historia; es la de miles de mujeres que viven bajo la presión constante de estar «a la altura» en todos los ámbitos. Más allá de las horas de trabajo, llevamos un peso invisible: la carga mental, esa expectativa tácita de gestionar todo para nosotras mismas y para los demás. Este es un testimonio y una reflexión sobre el lugar que ocupan las mujeres en una sociedad que exige demasiado de ellas, muchas veces en detrimento de su salud.

Vivía a 100 por hora

En 2012, tras el nacimiento de mi hija, retomé mi trabajo en Nespresso. El largo trayecto diario, los horarios exigentes y las altas expectativas profesionales ya eran una fuente de estrés. Pero eso no era todo: al llegar a casa, me esperaba una «segunda jornada». Con la llegada de dos hijos más, en 2015 y 2018, el equilibrio se volvió imposible. Entre las tareas escolares de mis hijos, las citas médicas y, sobre todo, la gestión administrativa de la familia vivía en piloto automático, olvidándome completamente de cuidarme.

Los primeros síntomas estaban ahí: fatiga crónica, irritabilidad, insomnio… Pero los ignoré, diciéndome a mí misma que «esto pasará». Pensaba que todo eso era «normal» y que simplemente debía seguir adelante. Hasta que un día, un comentario de mi hija mayor me sacudió. Era un fin de semana. Estaba desplomada en el sofá, tratando de reponer fuerzas, cuando mi hija se acercó y me dijo con la inocencia de una niña: «Mamá, ¿por qué siempre estás triste y cansada?». Esas palabras fueron como un espejo que reflejaba mi realidad. Me quedé pensando en ellas durante días. Por fuera, seguía corriendo: trabajaba, volvía a casa, daba de cenar a los niños, los acostaba, y luego abría una botella de vino tinto. Me servía dos copas cada noche antes de dormir, como un intento silencioso de desconectar de mi agotamiento.

Un par de fines de semana después, la situación empeoró. Los domingos se convirtieron en un torrente de lágrimas. Lloraba sin motivo aparente, veía todo negro, me sentía agotada y sin rumbo. Todo parecía sin sentido. Mi único deseo era dormir y no volver a despertar. En ese momento de desesperación, entendí que no podía seguir así. Decidí buscar ayuda.

Llamé a mi médico de cabecera. Cuando me recibió, no solo diagnosticó un burnout severo, sino que también me detuvo de inmediato. Me aconsejó dejar de trabajar y me orientó hacia un psicólogo y un psiquiatra. Fue un alivio y un miedo al mismo tiempo: alivio porque alguien validaba lo que sentía, y miedo porque admitía que mi cuerpo y mi mente estaban al límite. Ese día marcó el inicio de mi recuperación, no fue fácil aceptar mi vulnerabilidad ni admitir que no podía hacerlo todo sola. Sin embargo, fue el primer paso para salir del agujero en el que me encontraba y empezar a reconstruirme desde adentro.

Las mujeres, en nuestra sociedad, no solo trabajan, muchas veces son las «directoras de orquesta» en sus hogares. Incluso cuando ocupan un empleo a tiempo completo, suelen encargarse de la mayoría de las responsabilidades familiares y administrativas: organizar citas médicas, llenar formularios, supervisar documentos escolares y médicos, gestionar facturas…Este peso invisible puede ser incluso más agotador que las tareas físicas, ya que exige una vigilancia constante y una anticipación permanente. 

Según un estudio del Ifop, más del 70% de las mujeres declaran sentir una carga mental elevada, lo que afecta tanto su carrera como su salud. La carga mental es un peso invisible. Este concepto, popularizado por la ilustradora Emma, describe la necesidad de pensar continuamente por los demás: anticipar, planificar, gestionar. 

En mi caso, pasaba el día pensando en todo: qué documentos debía completar, qué citas médicas organizar, cómo estructurar los trámites para mis hijos. Este peso constante deja poco espacio mental para una misma y facilita que nos olvidemos de cuidarnos. 

Las mujeres y el peso invisible de la carga mental

Una encuesta de Sphinx, revela que el 88 % de los franceses sienten esta carga mental, siendo las mujeres las más afectadas por la combinación de tareas laborales y familiares.

Ser una buena profesional, una buena madre, una buena gestora del hogar… La sociedad impone a las mujeres un ideal inalcanzable. Deben ser eficientes en el trabajo mientras mantienen un control impecable en casa. Y cuando ya no pueden más, a menudo son juzgadas duramente: «No supo organizarse» o «Le faltó voluntad». Son las expectativas opresivas de la sociedad

Según un estudio del Ifop, el 34 % de las madres admiten sentirse agotadas por la crianza, tanto física como emocionalmente.

El burnout me enseñó algo esencial: no podía hacerlo todo sola. Tuve que aprender a decir no, delegar y aceptar que algunas cosas no serían perfectas. El seguimiento psicológico y médico me permitió reconstruir mi confianza y tomar distancia frente a mis propias expectativas, muchas veces irreales. Aprendí mucho, encontré un camino hacia la resiliencia y aprendí a establecer límites. Entendí que debía priorizar mi salud. Solo cuidándome podía ser una madre presente y una profesional eficiente. Esto implicaba aceptar que no podía gestionar todo a la vez y que mi valor no dependía únicamente de mi productividad. “Redefinir prioridades”

Mi mensaje para las mujeres, según mi experiencia, es que debemos ser más indulgentes con nosotras mismas. Es esencial romper ese círculo vicioso en el que nos olvidamos por cumplir con las expectativas de los demás. Hay que aprender a pedir ayuda, delegar y, sobre todo, escucharnos.

Mi burnout no fue una debilidad, sino una señal de alarma. Me obligó a detenerme, reflexionar y reevaluar mis prioridades. Pero esta lucha no debe ser individual. Es hora de que la sociedad reconozca el peso invisible que llevan las mujeres y tome medidas para aliviar esta carga. Todas merecemos vivir plenamente, sin sacrificar nuestra salud mental y física por ideales imposibles.