Trump y el verdadero sueño Americano

Al final, y cuando todo termina, los sueños solo sueños son. Esto que podría ser una enseñanza del teatro del Siglo de Oro –tradición tan impuesta como impostada- choca con la realidad de miles de personas para quienes sus sueños son lo único que tienen. El American Dream es una cuestión delicada porque es la que calma, el hambre universal que sufren las personas sin esperanza. El American Dream es kintsugi, arte de reparar trastos rotos con oro, a partir del éter, con el paso de los peligros, los controles migratorios. Es el arte de hacerse invisible e inoloro a las agudas narices de los coyotes, es el arte de aguantar la advocación del Sol inclemente –el que hiere de lejos- y chapalear por los ríos que tienen cadáveres en vez de piedras en su lecho. Es ese el American Dream, es la verdadera promesa de la vida eterna a través de un mercado que nos jura tanto más que las religiones, and yet, el American Dream is everything but a [simple] dream. Sin embargo, ahora hay que preguntarse qué será de los sueños de las personas que los gestionan en un ambiente hostil como el que parece estar generando el nuevo presidente de los Estados Unidos de América (en adelante, USA –por su sigla en inglés, in english), el señor Donald Trump. El tema es delicado. Así, mejor tratémoslo partiendo de una pequeña comprensión de las instituciones gringas.

1. Escuchamos, pero no… la forma de gobierno oligárquica: Las elecciones en USA son todo menos un asunto doméstico. No solo afectan el mundo como lo conocemos –como cuando los demócratas activan la Machine infernal de la política exterior o desfinancian el cambio climático y las políticas de derechos humanos en el tercer mundo-, sino también hasta el universo –porque se supone que la NASA tiene planes de colonización interestelar (guiño al triplepapito de Matthew McConaughe)-. Las elecciones en USA afectan hasta el cosmos. Es ciertamente innegable que sus mecanismos políticos son internos, obvio, las tripas de la democracia son moldeadas por una Constitución Política vieja, vejestorio de la modernidad, pero este instrumento contiene instituciones oligárquicas que han cambiado poco desde 1787 y sus enmiendas nivelaron la balanza lo suficiente como para evitar que la suerte tambaleara para el lado equivocado; es que, para los que aún no lo saben, las constituciones fueron hechas para resistir a los cambios y la prueba reina (guiño monarquista) es aquella que propusieron los padres fundadores de la Unión. 

Oligarquía es una palabra con la que se nos llena la boca. Pero en realidad, formaba parte de la legendaria forma de gobierno de Atenas. La politeia era la mezcla de dos formas de gobierno cagadas (κακά): la democracia y la oligarquía. La una contrarrestaba a la otra… ¿Cierto que no les importa? Voy a adelantar, entonces, esta parte de historia de las ideas políticas. Bostezo. Pereza. “Bueno, equis, continuemos” (guiño). Es ridículamente popularizada la idea de que la democracia es la forma de gobierno de USA, pero eso no es verdad. Por el contrario, se trata de una oligarquía donde el voto popular está “obstaculizado”, mediado, por colegios electorales capaces de ejercer su voto en nombre del pueblo. Este tipo de instituciones políticas son las que permiten al pueblo de USA pronunciar indirectamente su voz. Los ciudadanos estadounidenses votan por quienes van a votar por sus candidatos, por el elenfantico o por el burrito.

Con esta arquitectura, la propia Constitución Política de USA hace que todo despliegue mediático sirva para presionar a un colegio de electores –porque así se llama esa madre- y, aunque no cambia la balanza real, la gente conserva ese sentimiento de pertenecer a un grupo de presión social, a una mayoría; no obstante, puede ser azul o puede ser rojo, como si cuando llega a salir “humo blanco”, la nación más poderosa del mundo define el futuro de todos nosotros en la Gender reveal party de un billion-dollar baby. La gente ve el humo, sí; a la gente le venden humo, también; pero lo importante es que las instituciones siguen siendo controladas por un grupúsculo. Oligarquía. De hecho, eso significa oligarquía: el poder (ἄρχω) de unos poquísimos (ὀλίγος), como poquísimos son también los oligoelementos que traen algunos yogures sin fruta picada.

2. Las órdenes ejecutivas de Trump: A Trump lo eligieron los gringos a través de gente que votó por ellos, en su lugar, en lugar de ellos, de los mismos gringos. Ganó un antiguo presidente, ¿ganó el que tenía que ganar? Si quieren mi opinión, la prefería a Harris porque es preferible una persona fácil de leer. Trump es simple, colérico, cero impredecible frente a la ley del provecho en los negocios. Por ahí escuché hace unos días un comentario muy bobo y consistía en criticar al nuevo presidente de USA diciendo que veía a los países como empresas; exacerba el provecho y transforma los conflictos internacionales en formas de presión; nada más recuerden el incidente tan pendejo que se ganó Colombia de cuenta de unos trinos inocentes del actual presidente que alborotaron el enjambre de liendras que viven en el inmaculado peluquín. Aranceles. Que los iban a subir. Que acá también, dijo el mandatario colombiano, pero nada que hacer: USA es el país más poderoso del mundo. Perder nunca fue una palabra tan bien puesta como ese fin de semana en que Petro “desafió” a Trump.

Y, señoras y señores, esta es la esencia del American Dream: nos vamos, migramos, porque acá nadie posee ese poder que permite transformar la red social X en un campo de batalla real, donde el resultado es la guerra económica que no queremos arriesgarnos a ganar. Eso es lo que todos nos negamos a ver. Trump se ve como un personaje sombrío y terrible, pero, paradójicamente, esto se debe a que proyecta la buena sombra con la que queremos cobijarnos (chiste explicado: “al que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”). Migrar. Que sea delito o no, la verdad, no importa, porque lo que interesa es la plata, la guita, la lana. Esa es la lógica, la plata es plata y todos la queremos y todos la buscamos. Preferimos arreglar uñas que hacer un doctorado o dirigir con éxito una organización de derechos humanos. Trump no afecta negativamente el sueño americano, lo hace más difícil, lo liga a las formalidades porque los países hacen negocios con una mezcla de sueños y soberanía. Demografía económica y conceptos básicos de la política moderna. Punto aparte.

Después de todas estas verdades incómodas, solamente queda decir que una de las instituciones políticas más importantes de USA es el mercado, so ol morcodo, y el mercado es lo que persiguen las personas que quieren un pedazo del sueño americano. Trump es una garantía de un mercado sano, bien aceitado, sin una intervención estatal allende las básicas funciones de policía… migratoria. Entonces, ¿qué es lo mejor? El absurdo de saber que el sueño americano prosperará refulgente mientras Trump y los republicanos tengan su lugar. 


por: Felipe Calderon-Valencia